Desde aquí, desde el lugar donde el diablo olvidó la chaqueta, donde el viento no llega porque le da hueva, y mucho menos la pipa chévere, Tacachico, quiero saludar a Román, por diez años de ininterrumpida carrera de bouncer en bares de la jai. Hagamos un breve repaso sobre la historia de Román, y cómo es que llegó a convertirse en el hombre de éxito que es.
Desde pequeño, el joven Román se afianzó en la portería: primero en la de su casa, donde no dejaba entrar a tíos lejanos, ni a primos segundos. Para esas épocas, los padres de Román al ver el potencial de su querido hijito, se les inflaba el pecho de orgullo y satisfacción. Cargaban con la esperanza que de grande, Romancito, sería un eficiente botones en algún hotel capitalino, pero, no, la vida tenía destinado algo más grande para él.
Román saltó a la fama cuando un empresario de apellido que ni yo y ni ustedes podemos pronunciar, le ofreció un billetito para limpiar los concurridos y meados baños del bar Mario’s (ahora Code), que estaba de moda en esa época, donde todos los fresitas desneuronados movían sus cuerpos sin saber si quiera el nombre de la capital de Belice. Dicho bar estaba ubicado en la ex Zona Rosa, conocida actualmente como la Soya Rosa. Obviamente, el trapeador, y el bayclean no estaban en los planes de Román, él aspiraba mucho más alto, así que tras tomar una honda bocanada de aire, se armó de valor y fue así como su carrera empezó a despegar. Y escaló, hacia lo alto, y escaló, y escaló, y llegó a la puerta del bar (es que los baños estaban en el sótano).
Conforme pasó el tiempo, su perfil estricto y elitista se fue desarrollando demasiado bien. El moverse en los círculos de entretenimiento más altos y superfluos de la sociedad, lo hacía sentir como pez en el agua, como león en su selva, como topo en madriguera, como… ya no se me ocurre otro. En ese tiempo aprovechó para ponerse a la moda y lucir un su “look” fashion, con la cabellera completamente engominada tirada hacia atrás, tal y como un muñequito de Lego.
Román, ha pasado por distintos bares exclusivos como Mario’s, Envy y Stanza. A Bliss le dijo que no, por ser un lugar demasiado cholero, y eso de tener mesas afuera, uf, no, cacaso. Increíblemente en Code fue el lugar donde batió su record: solo dejaba entrar a una de cada seis personas que llegaban al lugar, es más, un día casi no deja entrar al dueño. Y se armó la gorda, pero es que a Román todo se le perdona.
Definitivamente la vida nocturna no sería la misma sin Román, por eso desde aquí, desde Tacachico, te mandamos un gran saludo, hermano. Y esperamos que podás celebrar estos diez años de trayectoria artística en Envy o Stanza, bueno, si te dejan entrar, eso sí.
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